Cuando lo derecha ruge

 En Francia el gobierno de Nicolás Sarkozy sigue expulsando gitanos residentes en su territorio en situación ilegal, las expulsiones no se han detenido y constituyen además la punta de un enorme iceberg que se alza dentro de la política europea. Hace un mes, un libro de Thilo Sarrazín, un directivo de banco considerado políticamente cercano a los socialdemócratas, causó un escándalo en Alemania al plantear la tesis de que la nación alemana estaba amenazada por la presencia de demasiados inmigrantes a los que se permitía mantener su identidad cultural. Rápidamente Ángela Merkel empezó la cruzada turca anunciando que “se acabó la paz multicultural”, exigiendo a los turcos que adopten los valores alemanes o se marchen. Sólo se salva la selección de fútbol que disputo el mundial en Sudáfrica donde once de los veintitrés jugadores nacieron fuera de Alemania o son hijos de extranjeros, como la estrella de origen turco Mesut Özil.
El político sueco Jimmie Aakesson ha convencido a casi un 6% de sus compatriotas de que las ayudas sociales están siendo acaparadas por parásitos procedentes de la inmigración, particularmente musulmanes, lo que privaría a los laboriosos suecos de adecuada protección. Recuperando los contenidos del “nuestro pueblo primero”, lema del Bloque Flamenco ilegalizado en 2004 por su carácter xenófobo, el NVA, victorioso en las últimas elecciones belgas, además de la estigmatización de inmigrantes tiene como objetivo prioritario el liberar a Flandes del indeseable vinculo con la Valonia sureña, denunciada por el carácter parasitario de su economía. Ahora en política ocurre con el voto lo mismo que con el dinero en económica, se da por supuesto que para obtenerlo vale todo, es decir, que rige la suspensión de cualquier juicio moral.
Hace unos años los partidos centristas de toda Europa defendían el capitalismo global, generalmente con un programa cultural liberal (tolerancia hacia el aborto, los derechos de los homosexuales, las minorías religiosas y étnicas, etc.) A esos partidos se oponen con más fuerza formaciones populistas contrarias a la inmigración que, en sus márgenes, van acompañados de grupos neofascistas abiertamente racistas. El caso más paradigmático es el de Polonia: tras la desaparición de los ex comunistas, las principales formaciones políticas son el partido liberal, centrista y “antiideológico” del primer ministro Donald Tusk y el partido cristiano conservador de los hermanos Kaczynski.
Desde Austria hasta Holanda, pasando por Francia o Alemania, y en virtud del nuevo orgullo que suscita lo propia identidad cultural e histórica, los principales partidos ahora descubren que es aceptable insistir en la condición de invitados de unos inmigrantes que deben adaptarse a los valores culturales que definen la sociedad de acogida. “Es nuestro país, si no lo quieres, te vas”.
¿Por qué se opta ahora por la demagogia cobarde, contra los que ni siquiera pueden castigarles con el voto, porque no tienen derecho a ejercerlo?
Obviamente, 20 años atrás, programas políticos de este cuño y declaraciones tan impúdicas hubieran sido de inmediato objeto de repudio. Hoy no lo son, en razón de que la gestión del prejuicio y el resentimiento se ha convertido en un expediente tribal de la confrontación política.
Tampoco nosotros nos escapamos a estos nuevos ataques, El Sr. Rajoy retoma los acentos de Aznar con la inmigración y las propuestas del PP catalán con Alicia Sánchez Camacho jugando a aprendiz de pirómana y buscando gitanos desesperadamente por el barrio de Santa Coloma, en compañía de una correligionaria de Sarkozy están por ver si arrastran a algunos de los otros partidos que participan en las próximas elecciones de Diciembre.
La democracia empieza por el reconocimiento a todas las personas, incluso a los que no tienen derecho a voto. Algunos economistas hablan de que en un futuro próximo, con los cambios en los equilibrios económicos mundiales, España puede volver a ser país de emigración. ¿El PP aceptará que los emigrantes españoles reciban el mismo trato que él propone para los inmigrantes ilegales? No hay peor política que el oportunismo.
Todo apunta que ahora el Otro está bien siempre que su presencia no sea molesta, siempre que no sea realmente otro… En realidad, mi deber de tolerancia para con el otro significa que no debo acercarme demasiado a él, meterme en su espacio. En la sociedad capitalista tardía el derecho humano que va tornándose más esencial es el derecho a no ser acosado: a mantenerse a distancia prudencial de los demás.
Si estas tesis triunfan , la derrota no será del inmigrante y los que trabajamos por sus derechos, sino de la sociedad en su conjunto, que vería aplazada por mucho tiempo la posibilidad efectiva de convertirnos en una sociedad democrática, libre, defensora de los DD.HH. en definitiva una sociedad normal.

Mikel Marín- Presidente de Solidaridad Internacional País Vasco.

 

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